Es un momento profundamente conmovedor.
La imagen captura no solo un instante, sino una fuerza interior que pocas veces se ve con tanta claridad. En ella, Sadith Cachique Shupingahua demuestra una entereza admirable al continuar tocando junto a su grupo, Las Hijas del Rey, una alabanza durante el funeral de su esposo. A pesar del inmenso dolor que implica despedir a alguien tan cercano, Sadith se mantiene firme, sosteniendo su instrumento y su fe como si fueran el mismo refugio que la sostiene en medio del duelo.
Este gesto va más allá de la música. Es una expresión de valentía, de cómo el corazón humano puede encontrar en la espiritualidad un camino para transformar la tristeza en un acto de entrega y de amor. La alabanza que interpreta no solo honra la memoria de su ser querido, sino que también se convierte en una oración viva, una manera de levantar su dolor hacia Dios y depositarlo en sus manos.
A través de cada nota, Sadith demuestra que la fe puede ser un puente entre el sufrimiento y la esperanza. Su acto es profundamente significativo: un testimonio de cómo, incluso en los momentos más oscuros, la devoción puede convertirse en una luz que guía, consuela y fortalece. Es un homenaje bello y sincero, tanto a la vida de su esposo como a la fidelidad de su creencia.







